En muchos equipos, el diseño es el último paso: primero se terminan las funciones y después se «embellecen» un poco. Nosotros no trabajamos así.
Al abrir una app, lo primero que se ve es la composición, el espaciado, los colores y los textos. Mucha gente no sabría ponerles nombre, pero todo el mundo los nota. Ante una interfaz con un espaciado descuidado y textos amontonados, cuesta creer que el código que hay detrás se haya escrito con esmero.
Por eso, en XICO el diseño y el desarrollo empiezan a la vez. Discutimos en serio cómo debe responder un botón al pulsarlo, dónde debe cortarse una línea de texto y lo profunda que debe ser una sombra en el modo oscuro.
Xico Clean tiene una regla de diseño: abras la función que abras, primero ves la respuesta, después la única acción principal, y los detalles solo se despliegan cuando los necesitas. Dicho así suena sencillo, pero con cada función nueva hay que volver a preguntarse: ¿cuál es exactamente su acción principal?
Casi nadie se fija a propósito en este tipo de detalles. Pero, con el tiempo, la gente recuerda qué software da gusto usar.
